“84, CHARING CROOS ROAD”, de Helene Hanff

  A  Luis Sánchez-Moliní.

02_Hanff_84_Charing.indd<“84, Charing Croos Road“>> es el domicilio de una librería londinense con nombre de su dueño Marks (& Co). Pero será Frank Doel un trabajador de la librería quien reciba periódicamente cartas de nuestra protagonista neoyorquina, Helen Hanff,  para que le envíe los libros que solicita. Este trabajo es una selección de esas cartas (octubre, 1949 – abril, 1969). Y si pensamos que  vamos a aburrirnos nos equivocamos porque de estas cartas salió este libro,  la BBC inglesa realizó una película para la televisión, se hicieron obras de teatro y terminaría siendo  Anthony Hopkins y Anne Bancroft los protagonista de una película de éxito.

            Yo llego a este libro por un artículo de Alberto Manguel, escritor y editor argentino y que en su día fue <<“lazarillo”>> de Borges. Este privilegio, leer a Borges, le ocuparía cuatro años de su vida. Manguel trabajaba  en la librería Pigmalion a la que asistía Borges todas las tardes a la salida de la Biblioteca Nacional de la que era por aquella época su director. Ya ciego le preguntó al futuro editor si tendría la amabilidad de leer en voz alta los libros de los autores que admiraba. Y Alberto Manguel, con tan sólo dieciséis años, le dijo que sí, sin saber que le hacía un gran favor al que sería uno de los escritores más sobresaliente de la literatura. Mario Vargas Llosa no duda en regalarle estas palabras incuestionables en su último ensayo <<“Medio siglo con Borges”>>:<<“La perfección absoluta no parece de este mundo, ni siquiera en obras artísticas de creadores que, como Borges, estuvieron más cerca de lograrla“>>.

           Las misivas de Helen a Frank Doel son limpias y sencillas, irónicas por momentos y cargadas de enfados literarios inolvidables y también de cercanía y afecto  que forjarían esa gran amistad. En las cartas hablan de cocina, de asuntos familiares y mundanos, de Londres y Nueva York, pero sobre todo, de libros <<“el de Stevenson es tan bello que hasta abochorna un poco a mis estanterías hechas con cajas de naranja“>>. Helen no fue a la Universidad pero tiene <<“un gusto especial por los libros“>>. No se parece al protagonista de la <<“Leyenda del librero asesino de Barcelona“>> que sólo <<“reparaba en su forma, en su expresión externa“>>, ella, además, los leía apasionadamente. Y en sus cartas demandaba a Chaucer, el <<“Tristram  Shandy“>> de Sterne, a John Donne, William Blake, Virginia Wolf, Saint-Simon, Jane Austen. ¡No hace falta que vayas a la Universidad, Helen!

         Lo más gratificante del libro lo encuentro en la página 121, en el Epílogo, fechado en Octubre de 1969. La escribe Sheila, hija de Frank, nuestro protagonista y asesor de Helen y cuenta: <<“Aunque mi padre jamás fue un hombre rico ni poderoso, tuvo una vida feliz y llena de satisfacciones. Y este pensamiento nos llena de alegría“>>.

           Uno  se aflige al saber de la muerte de Frank Doel, el empleado amable y consejero de nuestra protagonista y por la desaparición de la librería Marks &Co. en la que trabajaba y nos obliga a transfigurar lo vivido en gratos e intensos recuerdos. Entendemos que este libro es un homenaje a las librerías y a los profesionales que las habitan por  hacer feliz a los lectores y también a los clientes y amigos  por hacer venturosos  a los libreros.

            Esta recensión se la he dedicado a un amigo periodista que ha pasado por un pequeño bache con intervención de manos expertas. Cuando escribo este borrador no sé nada de  su evolución, pero son tantas las energías que tiene a su favor que es difícil no supere este inesperado trance. Deseo tu pronta recuperación para que sigas escribiendo tus impresiones con fino trazo como sueles hacerlo semanalmente. ¡Salud, Luis!

           Nota.- Los tipos de apertura y cierre utilizados en las textualizaciones (“” y <<>>) no se ajustan a los signos tipográficos formales para evitar daños mayores en el texto debido al borrado que con frecuencia realiza este sistema de gestión de contenidos, WordPress.

“CASI UNAS MEMORIAS”, de Dionisio Ridruejo.

DIONISIO RIDRUEJO

El día 3 de mayo de 2020, víspera de la primera fase del desconfinamiento, leí en El País el artículo semanal de Vargas-Llosa argumentando  que el confinamiento de la sociedad española no tiene nada que ver con los confinamientos ejercidos por las dictaduras. Algo con lo que estoy totalmente de acuerdo y  cualquier persona medianamente sensata. Es más, este encierro, aunque tardío, hay que decirlo, evitó la muerte de padres y abuelos, jóvenes y niños. Esto sí son palabras mayores. Y bien, curiosamente, ese domingo me llevé de la librería un libro de memorias de Ridruejo, un falangista de altura, con poder e influencia notable y que estuvo confinado en el régimen de Franco.  Actos desabridos y ásperos del régimen. Franco confinando a uno de los amigos más notables de su cuñado Serrano Suñer, también de Falange. Pensamos en  las tortuosas y enredadas inteligencias de aquellos años. Pero siendo esto grave quisiera acercarles a un episodio que se produce casi en la introducción, al principio de las memorias. Estando  confinado, dos amigos próximos a Franco le ofrecen a Ridruejo la posibilidad de manifestarle sus opiniones personalmente.  Para aceptarlo pone una condición: no dar publicidad al encuentro. Y curiosamente Franco lo recibe. Podemos imaginarnos la fuerza y la textura intelectual  de un falangista por aquellas fechas. Y si nos sorprende que Franco lo reciba nos asombra aún más lo que le propone Ridruejo: <<“Disolver el partido único…dar libertad a los sindicatos…construir un gobierno de hombres ilustres…Aplicación de un status provisional con libertades reguladas, pero bastante amplia y tolerancia para la formación de centros de opinión política“>>. Esto es real  y yo sólo podría imaginarlo como ficción de Tarantino. No imaginaba esa candidez en un hombre tan inteligente como Ridruejo. Pero también ocurrió con Unamuno que le pidió al general se interesase por sus amigos presos por pensar de modo distinto. ¿O acaso además de ser inteligentes eran personas valientes y de gran altura moral? Más bien será esto, uno no puede imaginar tanta inocencia.

              Cuando termino de leer estas memorias descubro a un gran escritor y a una persona que conoce bien todo esa época de anteguerra, guerra civil y posguerra. Un hombre de talento sobrado, de innumerables lecturas y escritor de prosa sencilla pero de ostensible belleza. Como lector he observado a menudo que esos autores que bordean la poesía, que se acercan a las esquinas casi a escondidas a escuchar esos ecos y que construyen versos en los rellanos de las escaleras y debajo de las mesas, temerosos, al dar el paso a la prosa terminan por ofrecernos páginas brillantes y desenvueltas, bellas y memorables. <<“Casi unas memorias“>> de Dionisio Ridruejo están  construidas con ese pulso sonoro y bello, y sin duda, de sabroso contenido. Ha sido un regalo inesperado de Ridruejo, también de la Editorial  Península por reeditarlo una vez más y el  azar que lo ha puesto en mi camino. No es sólo conveniente, sino muy aconsejable que lo lean.

                   Dionisio Ridruejo dice cosas como estas:<<“Porque yo era – aún lo soy- un optimista afectivo. Cualquier repulsa me causaba sorpresa. Era, y soy, un positivista, no en el sentido filosófico, sino en lo moral de la palabra: inclinado a ver los rasgos hermosos, benévolos, amables de las cosas y las personas más bien que los feos, aviesos o desagradables.“>>. Parecen pensamientos refulgentes en contraste con esa ensoñación por el fascismo de Hitler y Mussolini; por este último sentía verdadera devoción. Si a esto le añadimos estos perfiles familiares comprendemos que el personaje sea un tanto complejo:<< “Aunque mi madre tenía medios sobrados era de administración muy escrupulosa…Creo que además le horrorizaba que fuésemos presuntuosos  y diésemos envidia a los muchachos pobres  por los que, sin duda, sentía mucha compasión“>>. Este es el tono en muchas de sus páginas. Al menos no se observa perfidia alguna a esa edad tan temprana. Nos sorprende esa evolución y admiración por el nacionasocialismo alemán y el fascismo italiano, como nos asombra su posterior alejamiento de la figura de Franco.

                    Las memorias nos presenta a un falangista, Dionisio Ridruejo, autor de estos recuerdos y amigo de José Antonio Primo de Rivera y de Serrano Suñer, cuñado de Franco y Presidente de la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de  Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de la JONS)  y que  comprendió con lucidez temprana que el Jefe del Estado lo que pretendía era permanecer en el poder para siempre. Como así fue. Y él lucharía contra ese personalismo que sólo traería sufrimiento y resentimiento. Sustancialmente las memorias hablan de esa evolución con engranajes biográficos, políticos y familiares, sin olvidar a escritores reputados. Fue como dice Javier Cercas una persona de <<“precocísimo talento“>>. No se olvida Cercas en su artículo <<“Cataluña y el método Ridruejo“>> de aconsejarnos el ensayo  <<“Escrito en España“>> del autor soriano. De este libro ya hablaremos en otro momento.

                  La entrada en escena de José Antonio Primo de Rivera me supuso contención y atención en exceso. No quería perderme ningún gesto, ni ninguna mirada y mucho menos todo lo que pudiera decir el jefe de Falange. A Dionisio Ridruejo le impresionó su presencia y lo quiso seguir. Los pensamiento del jefe de Falange pasado lo años le parecen <<“inmaduros y contradictorios“>>, aunque había en él un valor de indudable  <<“actitud crítica frente a sí mismo“>> y una idea de la guerra que tal como se estaba desarrollando le parecía enferma y equivocada. Ya en la cárcel intentó mediar con el gobierno para que todo  aquello se parase, pero ya era tarde. De esto nada se supo hasta años después. Lo cierto es que los falangistas apoyaron la  guerra hasta hacerla suya, sin vuelta atrás y de los primeros. A mí me sorprendió gratamente que  José Antonio sintiera atracción por el <<If>> de Kipling, y a quién no, un poema que una vez leído ya nunca se olvida:

                <<“Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la pierdan y te culpen a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti…
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio…“>>

   <<“Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio…>>

     Nació Ridruejo en Burgo de Osma en 1912 y por Agustín de Foxá conocería a José Antonio Primo de Rivera,  llevando  a las espaldas la difusión de las ideas falangistas y posteriormente  nombrado  jefe nacional de Propaganda. “Se me ha preguntado màs de una vez si los falangistas de 1936 éramos fascistas. Siempre he contestado afirmativamente”>>; algunos no lo aceptan  “porque no analizan con mirada crítica sus antiguas convicciones…también es cierto que era una ideología en formación”. Eran jóvenes de no más de treinta años. Y cambió.  Fue confinado en Ronda y Cataluña por sus ideas contrarias al régimen e incluso encarcelado. Lo cierto es que su entereza y altura moral nos sorprende gratamente: <<“Puede cancelarse el compromiso con unas ideas cuando se reconoce que no sirven y con un partido  cuando se le considera corrompido o averiado. Pero el compromiso del hombre civil con su comunidad no se cancela nunca, a mí juicio…”>>.

                   Hace ya muchos años que valoré la conversión de Vargas-Llosa al liberalismo después de haber abrazado las ideas comunistas. Con igual comprensión y complacencia celebro que Dionisio Ridruejo pasara de una etapa falangista a una  defensa decidida por la democracia.<<“Libertad de espíritu, coraje moral y valor cívico“>> son las palabras  que regala Santos Juliá  a Dionisio Ridruejo. Estas son las que creo que definen  a Vargas-Llosa: altura intelectual, capacidad crítica y una firme denuncia a cualquier forma de dictadura. Siempre valoré  esos cambios  de ideas y conductas que se hornean lentamente  por la reflexión y esa fuerza moral que lo abriga todo.

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“EN EL CAFÉ DE LOS EXISTENCIALISTAS”, de Sarah Bakewell.

                                                                                                      A mi amigo Rafael Cumplido.

EXISTENCIALISTASEl título de Sarah  Bakewell <<“En el café de los existencialistas”>> es francamente seductor, como cautivador es el subtítulo <<“Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador”>>. Yo lo resumiría como el trabajo serio sobre el final de una amistad, o mejor dicho, las amistades destrozadas por llevar la filosofía a extremos inconcebibles. La autora ha trabajado sobre el pensamiento de los  intelectuales existencialistas y de paso, era inevitable,  hablarnos de sus vidas.

              En mis horas de lectura he tropezado con libros muy interesantes y amenos. He  terminado de leer precisamente uno de eso libros que te enriquecen y te hacen pasar un tiempo agradable, comprender una época. Sí, el título hace referencia a esos cafés en el boulevard Saint-Germain, el Flore o el bar Napoleón. Allí escribían Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir , lejos de los <<“hoteles con habitaciones frías“>>  donde vivían para pasar después un buen rato en las <<“cavas subterráneas“>> a escuchar jazz y blues. Por aquella época era bueno provocar; así pensaban los jóvenes existencialistas de pelo largo, y los escritores de <<“jersey negro de lana de cuello alto”>>, sus líderes.

             Simone de Beauvoir y Sartre eran libres, y aunque juntos, se permitían tener otros amantes; <<“vivían su teoría de la libertad“>> nos adelanta la autora de este magnífico ensayo. Existencialismo era una forma nueva de humanismo, una forma intensa de vivir libre, pero eso sí, eligiendo cada uno su camino y esto entraña trabajo interior y compromiso:<<“Eres libre, por tanto, elige…es decir, inventa”>> tu camino le dijo Sartre a un antiguo alumno.

             Todo esto del existencialismo comienza con un amigo de Sartre y compañero de colegio, Raymond Arond, que le habló de fenomenología, es decir, << “alejarse de complicadas abstracciones y fijar la mirada en la vida tal y como se experimenta”>>. Sartre leyó a Emmanuel Levinas que trataba esos temas y se fue a Alemania, y leyó a Husserl y vino hablando de libertad, de ser libres y trazar tu camino con autenticidad, pensando en los otros. Al final los existencialistas pretenden provocar, atracción por todo lo que entrañe peligro, y se acompaña de droga, sexo, música, y contra lo burgués, con lo establecido; el mismo arte tenía que romper con lo anterior, era una nueva forma de vivir. El libro <<“El segundo sexo“>> de Beauvoir tuvo más acogida en Londres o Nueva York y en otros lugares que en Francia. Los franceses habían sido educados de forma muy distinta a los ambientes y a los asuntos que en ese libro se trataban. También influyó en esta falta de acogida sus conductas tan libres y sus miradas ateas. Lo cierto es que no fue bien recibido. Sin embargo, su huella fue firme y revolucionaria con posterioridad. Realmente cambió la vida de muchas mujeres que empezaron a caminar solas y de paso la sociedad.

           La autora escribe con elegantes formas sobre Husserl y Heidegger, sobre Kierkegaard, Jaspers o Gabriel Marcel, el existencialista cristiano, y otros muchos filósofos y nos acerca a sus pensamientos con un estilo tan sencillo que parece toda una novela; con igual sensibilidad y destreza, con atractivas líneas profundiza en los existencialistas Merleau-Ponty, Jean-Paul Sartre,  Simone de Beauvoir y Albert Camus.

           Resumir los pensamientos y tesis, las  discusiones y preocupaciones de todos ellos,  temas tan abstractos, sería algo así como meterme en un bosque de enredadas ramas y alejar a los lectores si los hubiere. Por esto quiero centrarme en esa mirada clara y precisa, en ese entendimiento más cercano que hace la autora sobre Sartre, especialmente :<<Para los marxistas, los seres humanos están destinados a progresar a través de etapas redefinidas de la historia hacia un paraíso socialista final. El camino será largo, pero estamos destinados a llegar allí…“>>. Camus nunca aceptó eso: <<“ la rebelión no significa dirigirse hacia una región extasiada de una ciudad brillante en una colina…La rebelión es frenar la tiranía”>>. Así podemos resumir la evolución de Sartre y de Camus. Se alejan.

             Husserl, el pensador de origen judío, que decía a su alumnos <<“describid fenómenos”>>, << “fijar la mirada”>>, fundador de la fenomenología o filosofía reflexiva y su discípulo Heidegger, alemán, el filósofo de mirada nazi que afirmó que el Dasein (es decir, <<“ser ahí”>>) había que interpretarlo como <<“ser-hacia-la-muerte“>>  o que <<“las cosas son temporales y finitas“>> incluso a nivel cósmico, también terminarían  alejados, no sólo en sus  percepciones, sino en algo más grave, en lo personal y social, un camino agreste. Estos temas, ya lo he dicho, son para mí un bosque de difícil penetración.

            Es este un ensayo de distanciamientos. También Sartre rompería su amistad con  Merleau-Ponty su compañero desde la adolescencia. Insistía el hombre de ojo de pez y fumador de pipa que había que <<“arriesgar la vida por un Estado ideal“>>. Merleau-Ponty ya más clarividente  <<“estaba convencido de que la vida humana nunca podría forzarse para que encajara en las peculiaridades”>> de ese <<“ideal“>>. Simone de Beauvoir estuvo siempre cerca de Sartre, de esa radicalización,  de ese compromiso extremo con sus amigos comunistas de la Unión Soviética. En el camino estos amigos se fueron alejando y enemistándose. Con Raymond Aron, compañero de clase,  las distancias se harían insalvables. Todas estas peleas las fue anotando Sartre en un diario y más adelante escribiría, <<“Algo ha muerto… eso es todo“>>.

                El empecinamiento de Sartre llegaría a ser lamentable. En 1954 viajó a Rusia invitado por escritores de ese país. De vuelta tuvo la ocurrencia de decir que los rusos no salían de su país por estar entregados a la construcción del comunismo. Su producción en los últimos años fue muy intensa, pero con ayuda del Corydrane (un analgésico mezclado con anfetaminas) que terminó por ser perjudicial.

               Pero sería injusto seguir hablando de Sartre clavándole un cuchillo . Pensaba que las personas necesitaban de su auxilio.<<“Il est bon”>>. Es bueno, dijo de él Merleau-Ponty.  La autora, Sarah Bakewell, no está de acuerdo con él en muchos temas pero entiende que revolucionó toda una época, junto con los otros. Despertaron interés de  muchos  jóvenes allá por los años cincuenta y sesenta  del siglo pasado con sus protestas contra la pobreza, el colonialismo o el racismo. Todo el mundo los quería conocer. En Estados Unidos los recibieron con regocijo pero no comprendían sus relaciones tan naturales con la gente de color.

              Ciertamente el libro es una aventura. Y si lo he podido disfrutar ha sido por presentarnos a los personajes más ilustres del existencialismo y que no  conocía. Pero ha sido la autora la verdadera protagonista por acercarnos con brillante prosa y un enorme talento a temas tan  abstractos, este ha sido su mayor mérito. Porque en lo personal, es decir, en las relaciones entre ellos, no me  ha parecido especialmente luminoso.

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“EL EXTRANJERO”, de Albert Camus.

                 EL EXTRANJEROEn la anterior reseña hablé de <<“La peste“>> de Camus y de Vargas Llosa por considerarla una novela mediocre. También comenté que el escritor peruano era uno de los escritores al que había puesto mayor atención y apenas hice referencia a las causas o razones de ese interés. Uno de ellas tiene que ver con la pasión que siempre mostró por el liberalismo y su facilidad para mostrarnos su valores principales: la libertad, la defensa de la democracia con la alternancia necesaria y las sociedades abiertas; otra razón poderosa la encuentro en su entrega total y absoluta a la escritura.  Igual pasión sintió por la literatura Camus. De esto último un aprendizaje: dedicar el tiempo a lo que más nos apasione. Y bien,  Vargas Llosa  y Camus han tratado muchas veces estos temas; temas por los que siempre he mostrado especial interés.

              Los dos tuvieron una infancia difícil. El autor peruano era de familia acomodada; Camus procedía de familia humilde, de madre española con acentuada sordera, limpiadora, a la que tanto quiso y de padre argelino y modesto agricultor. Albert Camus sintió la naturaleza como algo místico en el sentido del placer ligado a la tierra, al paisaje, a los animales y también elevó a lo más alto el valor del honor y de la amistad. Se preocupó igualmente  por la moral que debía estar por encima de la política y de cualquier ideología. Yo había leído hacía muchos años <<“El extranjero”>>, ahora la he vuelto a releer.

            El comienzo de la novela es inolvidable. <<“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer”>. La construcción de esta historia está trabajada con frases cortas, secas y precisas. Es una fantástica novela.

             Meursault, el  protagonista de la novela y narrador se siente extraño en el mundo que le rodea. Como se sintió Camus en la ocupación de París por los nazis, encerrado y extranjero en una sociedad incomprensible y por lo absurdo de la guerra. Pero digámoslo, el autor nos presenta a Meursault, el principal personaje, indiferente a todo, apático, de vida monótona y aburrida, sin apenas alicientes; no muestra afecto por nadie,  disfruta si acaso del  sol y de la luz de Argel, es de alguna manera libre, pero esa libertad es incomprendida por el mundo y la gente de su alrededor. Acerquémonos un poco a él y veamos cómo se relaciona con María, su amante: me <<“amas”>> , <<“probablemente no“>>, esta es su respuesta;  tampoco muestra especial interés por los otros personajes que habitan la novela. El lector a medida que avanza en la lectura intenta encontrar un poco de luz  y se encuentra con un episodio más incomprensible aún al presentarnos al personaje encarcelado y enjuiciado por un delito contra un árabe, delito que no comprendemos en absoluto por extraño y sin sentido, y que nos produce indignación y asombro.

          La sociedad que lo juzga es hipócrita y convencional. El juez lo condena más por sus desafectos y conductas extrañas que por el delito cometido y el sacerdote que aparece se siente alarmado por su falta de fe. Meursault casi lo agrade y le grita. Es un mundo absurdo y de incomprensión. El juez y el sacerdote no ven solución: imposible recuperarlo. Y Meursault se siente libre ante esa sociedad sin sentido y teatral. Nos queda una construcción literaria que nos asombra  y la necesidad de seguir trabajando por una sociedad más comprensiva y racional.

              El autor de esta magnífica novela fue un humanista que valoraba al hombre por encima de todo. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957 y algunos periodistas y escritores no le perdonaron que se alejase del comunismo. Pero ya, Arthur Koestler, un comunista que pronunció en Berlín un importante discurso anticomunista, venía advirtiendo que en Rusia existían campos de exterminio. <<“La tragedia política de la humanidad comenzó el día que se admitió que era lícito matar en nombre de una idea“>> es el resumen que hace  Vargas Llosa sobre la otra gran novela de Camus:<<“El hombre rebelde”>>.

          Murió muy joven en 1960. Había nacido en Mondovi, departamento de Constantina, Argelia en 1913. Su maestro de primaria Jean Granier le recomendó la lectura  <<“El dolor“>> de Andrés de Richard que hablaba de lo que él ya conocía:<< “el dolor, el mar…la nobleza de la gente, la miseria“>>. Y con esta lectura empezó todo. Supo que la lectura entretiene y enseña y que la escritura te ayuda a decir lo que tienes dentro. Se casó con Simone Hié y su pasión por ella y por la vida de lujo lo alejó de sus raíces por un tiempo. Llegó a peinarse como los actores de la época y a vestir con gusto y elegancia. Fue, hay que decirlo, un hombre comprometido y sensible. Tuvo dos hijos con Francine Faure y varias amantes, pero sería con María Casares, actriz famosa e independiente, hija del primer ministro de la  Segunda República Española Santiago Casares Quiroga con quien pasaría los últimos años. No murió de  tuberculosis, enfermedad que le acompañó toda su vida, sino en accidente de tráfico en una carretera <<“recta, seca y desierta“>>. Conducía a gran velocidad el Facel Vega su amigo  Michel Gallimard que resultó herido gravemente. Los acompañaban la mujer e hija del editor que sólo sufrieron algunas magulladuras. Tenía 47 años.

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“LA PESTE”, de Albert Camus.

                   LA PESTEHe leído la novela de Camus en tiempos de coronavirus alternándola con algunos <<“Episodios Nacionales“>> del genial Galdós. Es curioso observar el paralelismo de la novela con la evolución de la epidemia que vivimos, <<“¿sabe usted, le dijo el prefecto, que el departamento no tiene suero?“>>,  y con esa sensación de lejanía que tenemos al creer que nunca nos va a tocar. Leemos en <<“La peste”>> :<<“Nuestros conciudadanos, ahora se daban cuenta, no habían pensado nunca que nuestra ciudad pudiera ser un lugar particularmente indicado…“>> para lo peor. Lo cierto es que todas las epidemias y todas las pandemias, ésta de mayor incidencia mundial, como la del Covid-19, nos asustan y nos angustian inmisericordemente.

                 Albert Camus escribe sobre una epidemia de peste sufrida en Orán en pleno siglo XX y se vale de su protagonista el doctor Bernard Rieux para contarnos lo que vio y cómo lo vivió, entresacando al menos una lección esperanzadora: <<“que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio“>>.

                La novela la construye el escritor argelino con elementos de interés como la evolución de la epidemia que es el tema de la novela, aunque detrás estén las dictaduras, la ocupación nazi y  la represión moral como metáfora y la decora y ramifica con algunos temas de manera fugaz, como la aparición frecuente del empleado  del servicio de estadística, Joseph Grand, el hombre bueno aficionado al arte de la escritura y muy preocupado por la belleza de las frases <<noches, semanas enteras sobre una palabra…a veces una simple conjunción“>> o la del joven enamorado de nombre Rambert, periodista y reportero,  que anda obsesionado y angustiado por no poder salir de Orán en busca de su amante. Una novela de fuertes convicciones, <<“hay que luchar de tal modo y no ponerse de rodillas“>>, de lucha común y sin descanso para mantenerse en pie y con dignidad; también habla del sufrimiento de los niños, de libertad y de ausencia de libertad, sí, también de religión y de la necesidad de una moral por encima de ideologías.

                 “La peste” no ha estado exenta desde su aparición de opiniones dispares, en esa <<“discusión sobre su significado y su valor“>> argumenta Marc Bassets corresponsal de <<“La Vanguardia“>>.  Vargas Llosa la considera  su <<“peor novela“,<<“mediocre“>> es el adjetivo que utiliza, su puntuación como valor creativo, una novela de fácil construcción. Otros tantos críticos y escritores tienen una parecida opinión. Y el mismo autor estuvo a punto de no publicarla: <<“No es bueno este libro“>>,  vino a decir.  La explicación de  Vargas Llosa podemos  encontrarlas  en estas notas sobre las formas literarias de Camus y que intentamos acomodarla a nuestro interés: <<“ En el buen sentido de la palabra hay en su prosa una constante afectación: una gravedad sin tregua, una absoluta falta de humor“, desde luego en esta novela es  algo evidente “y una rigidez muy provinciana“, comprimida en las formas, agarrotada. Y a continuación explica sus impresiones con la agudeza y perspicacia que lo caracteriza: <<“Sus frases, generalmente cortas, están pulidas,  limpiadas, depuradas hasta lo esencial  y cada una de ellas tiene la perfección de una piedra preciosa“>>, esto es desde luego muy acertado. Sigue Vargas-Llosa:<<“ Pero el movimiento o respiración del conjunto suele ser débil…en el que además de su admirable concisión  y de eficacia con que expresa la idea, el lector advierte. ..un estilo endomingado,  sobre el que flota….un airecillo pasado de moda, un perfume de almidón“>>.

             Pero nos equivocaríamos si pensásemos que Vargas Llosa está distanciado de Camus. Es tal la admiración y respeto que le tiene que me gustaría invitarles a leer el artículo <<“Albert Camus y la moral de los límites“>> y podrán observar el talento de Vargas Llosa para el ensayo, su capacidad de seducción y para desmigajar la obra del otro,  un cóctel suntuoso de literatura crítica.

               <<“La peste“>>se publicó el 10 de Junio de 1947. Camus la escribió en plena ocupación nazi de la ciudad de París y su creación está originada posiblemente por esa conciencia de preocupación y de lucha, de compromiso intelectual; fue artífice del nuevo humanismo o <<“Existencialismo“>> junto con Sartre y Simon de Beauvoir y otros pensadores. Murió de accidente de automóvil  el 4 de enero de 1960. Nació en Argelia en 1913. Escribió <<“El hombre rebelde“>> y << “El extranjero“>>, sus mejores novelas, obras de teatro e innumerables ensayos.

                Es difícil contrariar al Premio Nobel y uno de mis escritores preferidos, Vargas Llosa, autor de <<“La fiesta del chivo“>> y de <<“Conversación en la Catedral“>>, pero yo voy a aconsejar esta inolvidable novela, al menos para mí; la leí con atención y creo que sin entrar en valoraciones de calidad puede resultar muy interesante para aquellos lectores que se quieran acercar un poco a Camus, el autor provinciano, de familia humilde y amante de la naturaleza, que se fue a París ya con treinta años y que comentó: <<“Nunca serás feliz si sigues preguntándote en qué consiste la felicidad. Y nunca vivirás si sigues preguntándote en qué consiste la vida”.

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“AMADEO I”, de Benito Pérez Galdós.

             AMADEO IEs <<“Amadeo I“>> una novela ejemplar por ser novela e historia a la vez. Todos los <<“Episodios Nacionales”>> conjugan esos elementos de ficción e históricos y tratan de esa época convulsa del siglo XIX  por eso merece la pena leerlos; pero este <<“Amadeo I“>> brilla con más fuerza por dejar Galdós el realismo, es decir, esa mirada a los ambientes, al énfasis en la manera de vivir  para jugar con la imaginación, haciendo malabares con el espacio y con el tiempo, analizando los hechos con la seriedad del historiador y añadiendo a estos acontecimientos la evidencia de su presencia. A todo  esto habría que añadir elementos mitológicos e inverosímiles, sucesos fantásticos,  en fin, que aparecen en algunos pasajes.

          La novela la cuenta en primera persona  Proteo (Tito) Liviano así nos lo hace saber <<“el isleño“>>, es decir Galdós, que<< “me autorizó a contar la historia como testigo de ella figurándome en algunos pasajes, no sólo como presenciador,  sino como lo que en literatura llamamos héroe o protagonista“.  Galdós aprovecha la mitología para contarnos este <<Episodio Nacional”>>. Proteo es un dios griego con la facultad de adelantar lo que va a pasar y además  se permite el lujo de cambiar de forma. El autor se vale de Mariclío, otro personaje protagonista, para exhibir esas capacidades envidiables llevando de  la mano a Tito Liviano por lugares y situaciones inimaginables. Son capaces de estar escondidos sin ser vistos en una mesa en presencia del rey y de la reina rodeados de comensales escuchando lo que dicen. Aprovecha Galdós este personaje fantástico para contarnos la historia en plano real pero también se vale de otros personajes singulares para describirnos lo que irá sucediendo durante el reinado de Amadeo I. Todos ellos van construyendo esa corta etapa del rey, un tanto mujeriego, y apenas deseado. No lo quieren los  republicanos, carlistas, los de Unión libreral ni los alfonsinos. Sólo lo respetan Prim que muere asesinado rápidamente y los progresistas. La aristocracia alfonsina tampoco pueden ver a la reina María Victoria que unido a las continuas  disputas de los  políticos, especialmente  Ruiz Zorrilla, Sagasta y Serrano hacen imposible cualquier tipo de acuerdo. La prensa de la época <<“cuentan las cosas a su modo“>> y  el rey llega  a sufrir un atentado. La vida en palacio se hace insoportable y en 1873 dos años después de haber sido proclamado Rey de España decide volver a Italia, vía Portugal; lo acompaña Manuel Ruiz Zorrilla el último apoyo que le quedaba. Vendrá después la Primera República pero esto lo contará en otro de sus  <<“Episodios“>> el maestro Galdós.

             La capacidad del autor canario para expresar sentimientos e indagar en la psicología de los personajes, el talento descriptivo como su inteligencia para analizar los acontecimientos y desmenuzarlos es una invitación a la lectura y contribuye sin duda al aprendizaje de nuestra historia. El lujo de su prosa hacen de este <<“Episodio Nacional“>> uno de los más memorables. Dickens, Balzac o Cervantes están detrás. De ellos aprendió.

            Galdós ha respetado y querido siempre al pueblo, y no pretendo dar a esta expresión un marcado signo ideológico; pretendo magnificar un sentimiento noble y cercano por la gente sencilla, la gente de la calle. Refiere y cuenta numerables anécdotas en sus novelas que certifican esta mirada sincera. Pero hoy quiero acercar una que ocurre en <<“Amadeo I“>> y tiene que ver con el protagonista y su compañera del momento Obdulia que estaban sentados en segunda fila en el teatro. Al salir se cruzan con una antigua amiga María de la Cabeza Ventosa y Albarique su compañero, un tanto acicalados,  y cuenta: <<“A la salida nos miraron con desdén olímpico, como diciendo “adiós pobreza”. Les pagamos en peor moneda, riéndonos descaradamente de su inflado empaque burgués“>>. Este episodio solidifica ese abrazo al pueblo con  cierto orgullo y da la impresión de estar Galdós detrás aunque no es precisamente el Galdós que más me gusta, el que prefiero es el Galdós que habla y siente y se comporta como hombre sencillo que lo fue. No obstante Galdós se siente defraudado y decepcionado <<“por una revolución burguesa frustrada…por quienes se presentaban como abanderados del progreso y de la plena revolución liberal y democrática“>> para terminar todo en papel, en un ideal, sin más. Esto es lo que sostiene el historiador José María Jover Zamora y añade que por sentirse decepcionado Galdós se abraza con fuerza a <<“Ruiz Zorrilla y a su programa radical“.  Y me hago una pregunta ¿si hubiéramos vivido esa ilusión liberal de la  época en busca de cambios importantes para terminar en un rotundo fracaso, no nos hubiésemos radicalizado? La respuesta es que al menos él atendió a ideales, a nuevas reformas, que buscó incansablemente.

              Seguimos aprendiendo historia.

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“MONTAIGNE”, de Stefan Zweig.

            ZWEIGTuve la suerte de leer <<“Los Ensayos“>> de Montaigne siendo ya talludo y por esos milagros que ocurren a los lectores. Esta obra había pasado por mis manos en numerosas ocasiones, el título se hizo persistente, cachazudo por esa forma tranquila de presentarse una y otra vez en catálogos, a través de reseñas de otros escritores o por comentarios de algunos lectores perdidos que me la aconsejaban. Pero fue la edición de Acantilado en su forma externa la que más voluptuosidad me produjo,  sobre todo, las citas de escritores de renombre que aparecían dibujadas en la  faja publicitaria.   Escritores como Orson Welles, Stefan Zweig,  Fiedrich Nietzche, Josep Pla o Francisco de Quevedo aparecían en letra mayúscula con sus opiniones a cada cual más sugestiva, admirando la obra de Montaigne. Y por fin  leí ese <<“Ensayo“>> y quedé impresionado hasta el punto, no creo equivocarme, de considerarla una de las lecturas más provechosas y luminosas que haya podido leer a lo largo de mi vida.

            Hoy hablaremos  de forma tímida de esa afamada obra por dedicar más tiempo, por atender con mayor cuidado, a su autor Michael de Montaigne. La prosa de Zweig tan cautivadora y sus esfuerzos por recabar información sobre el autor de Burdeos palpitan en esta biografía de  evidente admiración .

             Por esta pequeña joya sabemos que Montaigne fue un niño educado con excesivo mimo en busca del fortalecimiento del espíritu, al menos, ese era el deseo de su padre Pierre. Ese robustecimiento le llegaría por el latín, la lengua de Ovidio, Horacio, Virgilio. Quería que su hijo fuera superior a ál y a su abuelo, Ramón Eyquem, hacendoso comerciante de pescado, en conocimientos, y más sabio, y mejor formado. Sabemos también por este inolvidable ensayo que su padre luchó desde muy joven por pasar a la nobleza con decidido empeño desde su condición de burgués acaudalado. Y por ser consciente del esfuerzo realizado para conseguir ese trato, consciente decimos de la arrogancia de los privilegiados, decidió que su hijo Michel fuera criado en sus primeros años por unos humildes leñadores. Así lo cuenta  Zweig: <<“quería evitar que su hijo se sienta, desde el principio, superior, miembro de una clase privilegiada, y que aprenda desde su tierna infancia a “mirar hacia quien me tiende los brazos más que hacia quién me da la espalda“>>. Un <<“arrebato democrático incomprensible para la época“>> comenta nuestro lúcido biógrafo. Tendrá tres años solamente el niño Michel cuando el padre lo devuelva al castillo de Montaigne. Y curiosamente ese niño estará siempre agradecido a tan inolvidable experiencia. Todo parece sorprendente en la vida de este hombre.

            El padre de Michel, Pierre de Montaigne, consigue para su hijo que  dos jóvenes ayudantes le hablen sólo en latín y un profesor alemán lo haga  en francés. Pero el francés estará siempre relegado a la lengua latina hasta el extremo de obligar a su esposa, criados y sirvientes a hablarles en la lengua de los clásicos romanos que tendrán que aprender igualmente. ¡Inaudito!

             Esta forma de aprendizaje apenas sin esfuerzo verterían estas reflexiones del Michel de Montaigne ya maduro :<<“… probar la ciencia y el deber con una voluntad no forzada y por mi propio deseo, y que criara mi alma con total dulzura y libertad, sin rigor ni constricción“>>.

            Pero la sorpresa será aún mayor cuando sabemos que al niño Michel  lo despertaban  por las mañanas suaves  <<“melodías“>> interpretadas por jóvenes flautistas y violinistas. Todo porque un preceptor había señalado la importancia de no violentar al niño , de no despertarlo <<“de golpe y con violencia“>>¡Asombroso! es el adjetivo  que se me ocurre.

           Y curiosamente el niño que recibe este tipo de enseñanza de mirada tan abierta, de mayor, abominaría de los aprendizajes impuestos por maestros a gritos y con miedo <<“nos esforzamos sólo en llenar la memoria, y dejamos el entendimiento y la conciencia vacíos“>>. Pero si todo esto nos sorprende y cautiva, de  igual forma nos asombramos por las palabras sabias de su biógrafo Zweig al comentar <<“el saber recibido es una carga para la memoria, no es una función del alma”>>. Esto es lo importante, aprender para engrandecer el alma. En tan poco espacio una lección magistral de pedagogía.

          La muerte de su padre en 1568 trastorna toda su vida personal; apenas sabe hacer  nada práctico (“no entiendo siquiera los útiles básicos de la casa…no hace un mes que me sorprendieron ignorante de que la levadura sirve para hacer el pan, y qué es fermentar el vino“>> y mucho menos llevar la administración del castillo Montaigne con una renta aproximada de diez mil libras. Por suerte en el primer piso del castillo encuentra una habitación circular que la prepara como dormitorio y será en la parte más alta  <<“el lugar más inútil de la casa“>> con vista a los campos, un trastero amplísimo, donde  habilitará la biblioteca y lugar de refugio; será en ese espacio donde se desenvolverá soberanamente. En sus vigas decide pintar <<“cincuenta y cuatro máximas latinas“>> que leerá aleatoriamente y casi a diario para alimento de la mente y el espíritu. Siempre recordaré una de esas sentencias sabias y acertadas allí pintada, la de  Cornelio Nepote, historiador romano:<<“Cada cual forja su fortuna con su carácter“>>. En esa biblioteca decide pasar el resto de sus días alejado del ruido de la calle, de los criados , de la familia y  de la <<esclavitud  de la corte“>>, fue asesor en la Cámara Baja del Parlamento.

               El hombre que no gustaba de las tensiones o discusiones fuertes, solía evitarlas, se encerraba en su biblioteca a leer y a escribir. A leer a Plutarco, a Séneca, Cicerón. A vivir en la lectura, a vivir en paz e <<“intimidad”>>, para conocerse. Más adelante aprenderá que no se puede <<“aleccionar a los demás…sino guiarlos para que se busquen a sí  mismo“>>.  Zweig escucha con atención a Montaigne y lo que escucha es esto:  <<“ saber ser uno mismo“>, esto es lo sustancial. Y este <<“saber ser“>> tiene mucho que ver con sentirse libre, alejado de influencias y roces familiares, sociales, de amistad. Aceptar y disfrutar la vida, claro que sí, crecer, pero será inevitable que si  quieres conseguir la felicidad deberás alejarte de la servidumbre de las pasiones.

              En junio de 1580 y tras estar encerrado en su castillo más de diez  años se pregunta si no sería bueno abandonar el aislamiento. Decide cambiar de aire y viajar por Europa. Por estas fechas su fama se acrecienta y los <<“Ensayos“>> lo habían leído ya toda la corte incluido el rey Enrique III. Al volver de sus viajes tras diecisiete meses disfrutando de los paisajes, hablando con la gente de cualquier estrato y disfrutando del arte, una forma de desperezarse del enclaustramiento, se encuentra con la sorpresa de haber sido elegido alcalde de Burdeos. Tiene que aceptar el cargo por imperativo del rey y <<“sin demora”>>. Por estas fechas sus problemas de riñón se acentúan hasta extremos indecibles sin poder expulsar las piedras y sin poder orinar durante días. El sufrimiento es insoportable. Añadamos a  estos sinsabores  otras circunstancias extremas: la peste  inunda Francia y convulsiona los corazones de los franceses, también el suyo. Por temor al  contagio y por miedos interiorizados debido a su salud desquebrajada sale  despavorido, siendo alcalde. Su fama decae. No obstante fortalecerá su figura y su prestigio mediando en la sucesión de Enrique de Navarra (futuro Enrique IV). Antes de su muerte acaecida en 1592 con cincuenta y siete  años regala a la joven admiradora Marie de Gournay los <<“Ensayos“>>  para su custodia y posterior difusión. Un impresionante friso, un majestuoso trabajo que todo el mundo deberíamos leer.

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“FORTUNATA Y JACINTA”, de Benito Pérez Galdós.

                   FORTUNATABenito Pérez Galdós autor de indudable talento y ubérrima imaginación  publicó su obra maestra “Fortunata y Jacinta” en 1887; tardaría dos año en escribirla. Novela realista, algunos escritores como Javier Marías tachan sus diálogos de <<“excesivo casticismo“>>, valorando su desmedido ingenio; Ricardo Senabre alaba su <<“tenacidad e intuición narrativa excepcionales“>>, Trapiello lo considera un gran poeta por tratar los temas de los grandes maestros universales, esto es, el <<“amor, la muerte y el tiempo“>> y para terminar Luis Landero lo admira y le fascina. A este rosario de engalanado y merecido reconocimiento añadiría mi asombro por vivir el Madrid del siglo XIX con la intensidad ambiental y la frescura  con la que lo vivieron sus espectadores. Recordar la Plaza de Pontejos o el número 11 de la Cava de San José. Mostrarnos  ese Madrid de la mano de Fortunata,  Juanito Santa Cruz, Evaristo Feijoo, Jacinta, Maximiliano Rubin, Barbarita,  Guadalupe Rubin conocida como doña Lupe la de los Pavos, Papitos la criada, Guillermina la del Asilo, Estupiñá, Segismundo Ballester el licenciado en Farmacia o Mauricia la Dura es un verdadero goce, una incontenible delicia. Personajes todos ellos inolvidables y que Galdós singularizará con su propios lenguajes, ese habla tan peculiar que los define y sus caracteres tan distintos.

       La novela está articulada sobre tres personajes que se quieren y se odian con la naturalidad e intensidad de los amantes: Fortunata, Juanito Santa Cruz y Jacinta su mujer. No podemos olvidar  a Maximiliano Rubín, el aprendiz de Farmacia, esposo de Fortunata, hombre enfermizo, <<“privado de gracia personal“>>  y que terminará siendo el personaje más lúcido.

             Una de las protagonistas principales es Jacinta, mujer mona y elegante, adinerada por su casamiento con Juan Santa Cruz que vive aprisionada en su infertilidad y afligida  por las infidelidades del marido. Pero es Fortunata el personaje más destacado, la  chica pobre y hermosa, también desgraciada por la indigencia en la que vive y  por las frecuentes desafecciones de su amante el marido de Jacinta. Como cierre a este trío de intempestuosas relaciones, el otro protagonista ya mencionado, el joven burgués, acicalado y bien parecido Juanito, de voluble moralidad  e interesadas desapariciones.

         Vemos además en la novela ese Madrid convulso de finales del siglo XIX con incertidumbres políticas y plazas abarrotadas por las clases medias mezclados con  humildes paseantes; curiosos funcionarios atentos a las formas y maneras de la burguesía para imitarlos; patios y salones decorados con estéticas divergentes así como hablas y giros identificables según los estratos; a lectores de periódicos como a iletrados supervivientes en su mayoría, y para cerrar el círculo mujeres capaces de afrontar la vida con humana y sabia mirada.

         Pérez Galdós, ese político tímido que apenas habló en el Congreso de los Diputados pero que escudriñó todos los rincones y miradas desde dentro y fuera de la Cámara,  ese curioso periodista y escritor que recorría las calles de Madrid a todas horas, escuchando en las tabernas y cafés lo que se decía, el hombre enamorado de las mujeres y de la vida, del Arte, el escritor que consultaba el diccionario y la gramática buscando la palabra precisa, el autor de “Fortunata y Jacinta”,  y de los “Episodios Nacionales” moría casi pobre y ciego en su Madrid el 4 de enero de 1920.  Sirva esta reseña como emotivo homenaje a este escritor  de <<humor>> inagotable.

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“MEMORIAS DE UN PSIQUIATRA”, de Irvin D. Yalom.

                  memorias de un psiquiatraIrvin D. Yalom comenta al principio de estas memorias que es de procedencia judía. Los libros que he leído últimamente escritos por judíos no te dejan indiferente. Se dedicó a la psiquiatría al conocer al doctor Manchester ese hombre de sonrisa fácil que salvó a su padre de la muerte.

                 Hay dos aspectos  en su vida que podíamos calificar de vivificantes, de escape de ese mundo real cargado de desafecto: su pasión por las bicicletas y los libros. Su padre regentaba un supermercado en un barrio conflictivo de Washington D.C. y le tranquilizaba que su hijo fuese lector. Con tan sólo diez años ya  visitaba la Biblioteca Central de la ciudad y decidió sumergirse en ese mundo de conocimientos que tanto provecho y beneficio  aportaría a su futuro. Mi interés por especialistas como Yalom me llevó a leer <<“Memoria de un psiquiatra“>> y a dibujar esta reseña. Me interesaba saber qué piensa, cómo escribe y qué dice  uno de los mejores psiquiatras de Estados Unidos. Buscaba, en fin, su parte humana, su mundo familiar y personal y lo que pensaba sobre la vida.

               Uno de los capítulos de mayor interés, al menos para mí,  tiene que ver con su etapa en el hospital Johnson Hopkins, etapa de crecimiento y de aprendizaje y en la que conocería a su mentor John Whitenhorn el director del centro, hombre serio y entregado a su trabajo y que llegaría a sentir admiración por nuestro psiquiatra hasta el extremo de recomendarlo  para otro hospital en estos términos:<<“Creo que el doctor Yalom se convertirá en un líder de la psiquiatría de Estados Unidos“>>.

             La primera sorpresa que uno se lleva tiene que ver con su afición por los clásicos. Leer a Montaigne, Marco Aurelio, Epicuro, Locke le ayudaría a profundizar en las emociones. Se siente, igualmente, cautivado  por Sartre, Kafka o Camus que <<“habían sondeado profundidades de la existencia de una manera que la escritura psiquiátrica nunca había logrado“>> (pág. 120). Más adelante confesará sus huecos en materia filosófica y en humanidades por lo que decide pasar tiempos inolvidables con escritores universales como Dostoievski,  Tólstoi,  Becket, Hesse, Rilke, Nietzsche, <<“ese hombre brillante… y desesperado“>> o Spinoza el autor de la <<“Ética“>> y otros muchos autores que habían escrito sobre los problemas de la gente de una manera profunda. Todo ese tiempo de lecturas y esfuerzo lo llevarían a uno de sus grandes anhelos: ser escritor.  Yalom desde muy joven deseaba escribir,  ser un escritor con estilo propio. En el hospital de Stanford se aislaba en el archivo de registro de pacientes,  un habitáculo amplio, con mucho polvo y sin ventanas y escuchaba su propia voz leyendo en voz alta lo que escribía. <<“Me gustaba esa habitación espantosa“>>. Terminaría escribiendo <<“La cura Chopenhauer”>>,<<“El día que Nietzsche lloró”>>,<<“El problema Spinoza”>>,<<“Teoría y práctica de la psicoterapia de grupo”>> o <<“El don de la terapia“>> entre sus obras  más conocidas además de publicar  trabajos y artículos sobre <<“terapia de grupo para alcohólicos“>> o para <<“esposas y esposos abandonados“>> a principio de los años setenta.

              Yalom rememora sus etapas de crecimiento y aprendizaje por los distintos hospitales con fogonazos de experto pero con estilo fluido y de mirada familiar. Un libro que nos habla de sus problemas de visión borrosa por su Distrofia de Fuchs, córneas con ampollas que revientan, y también sincero por sus desvelos al querer reducir los tratamientos con medicamentos, transparente al revelarnos que no sabía escribir a máquina como valiente por mencionar sus miedos, esos <<“…sentimientos irracionales, a veces aborrecibles,  que un terapeuta puede sentir hacia un paciente y que pueden constituir un obstáculo en la terapia“>>, (pág.285). Aplicó, en fin, una metodología novedosa que aprendió de Jerry Frank y su pequeña ventana de observación. Una terapia con pacientes encapsulados en una habitación con cristales para no ser vistos contando sus problemas. Propuso además que los enfermos observasen al menos durante veinte minutos a los estudiantes. Esta interacción ayudaría enormemente a la curación de los pacientes y avivaría el interés de los especialistas.

               En el aire de las memorias planean enseñanzas sabias como las vertidas por los enfermos de cáncer y sus deseos de <<terminar la vida con la menor cantidad posible de arrepentimientos“>>.

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“MEMORIA DEL COMUNISMO”, de Federico Jiménez Losantos.

                   memoria del comunismoA Federico Jiménez Losantos licenciado en Filología española y actualmente director y presentador del programa matinal <“es-RADIO“>> no le tembló la voz al afirmar:<<“El ser humano es malo”>>(20-11-2019) muy parecida a la que siglos antes manifestó el comediógrafo latino Plauto (254 d.c.-184 a.C.) popularizada  más tarde por el pensador y filósofo Thomas Hobbes (1588-1679): “El hombre es un lobo para el hombre“>>en su versión latina <<“Homo homini lupus“>>. Mi carácter agradece a Séneca (4 a.C-65 d.C.) e incluso nos ilumina al decir: <<“Homo res sacra homini“>>, el <<“hombre es cosa sagrada para el hombre”>>. La primera locución, al igual que la sentencia de Federico Jiménez Losantos, presenta a toda la humanidad, sin excepción, con colmillos; por el contrario, la segunda, nos enaltece. Es evidente que existen individuos <<“monstruosos“>> y que la historia de la humanidad es un charco gigantesco de sangre pero también de bondad, de generosidad y de sacrificio.

              En otro programa le escuché que no era budista siendo el budismo una tradición verdaderamente iluminadora. Esa mañana no estaba para bonhomías budistas, ese día estaba atrapado en su carácter encrespado, en ese feo rizo interior. Es su formato en su programa televisivo aunque creo honestamente que esos escupitajos matinales no corresponden con su verdadero carácter. Esos insultos a los socialistas, comunistas, al Partido Popular, a Rajoy, a Soraya, a altos, bajos, a todos, ensombrece el espíritu nada más clarear el día. Su crítica la sostiene con imprecaciones e improperios. Pienso que haber escrito su magnífico trabajo << “Memoria del comunismo“>> ha debido afectarle. Haber compartido tiempo con Lenin, Stalin, con Yurovski, con Nikulin, estos dos últimos artífices de la muerte de los Romanov, también Medviédev participó, o con revolucionarios como Trotski, escribir e investigar sobre sus diabólicos y luciferinos atropellos han debido afectar negativamente el carácter del gran escritor que es Federico Jiménez Losantos.  Tiene pulso para la escritura y su exigente  tragedia <<“Memoria del comunismo“>> es un trabajo de cíclope. Nos ha contado una parte monstruosa de la humanidad, matanza de pueblos por  dirigentes ególatras con miseria y hambre y con resultado clarificador :<<“crímenes contra la humanidad“>>. Y no dudo en aconsejarlo como su ensayo << “La última salida de Manuel Azaña”>> que tanto me gustó.

                     ¡Cómo no va a cambiar su carácter! El título tremendo que encabeza la página 55 <<“Cien millones de muertos“>> aleja a cualquier individuo de la jovialidad y del entusiasmo. Por esto, además, agradezco su esfuerzo. Si queremos saber  sobre la historia del comunismo es conveniente leer  <<“Memoria del comunismo“>> del enojado director de <<“es-RADIO“>>.

                       Sólo observando la bibliografía nos hacemos una idea de las lecturas que ha tenido que abordar para acometer tan voluminosa tarea.  Las páginas recorren de manera especial a Lenin y a Stalin y la manera de influir en la guerra española, el silencio de <<“El Campesino“>> por los defensores de la memoria Histórica o de cómo el PCE llega a la España democrática y la aparición de Podemos de fuertes convicciones  comunistas. En definitiva, el camino que ha recorrido el comunismo  por toda  Europa y por todo el mundo desde sus inicios y sus consecuencias. Lo que Jiménez Losantos quiere transmitirnos también es la idea equivocada que se ha mantenido, desde siempre, <<“de que todo lo que hace la izquierda está bien y lo que hace la derecha está mal, aunque esté bien“>>. Y esta reflexión  no menos importante para el autor: el odio  a la pluralidad y a lo ajeno de la izquierda y de la derecha radical para sentenciar después <“que es la izquierda la que al final convirtió en doctrina excluyente la lucha contra la política . Aunque ahora la quieran convertir en defensora de la libertad, no lo fue jamás“,(pág.371).

               Uno respira ya más sosegado,  hay mucho dolor en este ensayo,  casi al final, en el epílogo, en las páginas dedicadas a Juan de Mariana, pensador independiente y profundo con mirada gratificante. Pero quisiera hacer un breve comentario al luminoso libro de Simon Schama <“Ciudadanos. Una crónica de la revolución francesa“>>  escrito con fina sensibilidad y trazo exquisito sin apenas notarse el carácter del autor. Este monumental ensayo habla también de miedos y de muerte, de guillotinas y de incendios, de terror pero como dice Steiner en The New Yorker <<“la humanidad de sus veredictos representa un logro formidable, a menudo conmovedor”>>. Este carácter sostenido, esta sensibilidad y pinceladas del historiador humanista que es Schama no lo veo en Féderico Jiménez Losantos. No es extraño que al historiador inglés lo eleven a la excelentísima orden del Imperio británico la British Academy y la Royal Society of Literature.

                Quiero terminar <<“recordándome”>> las palabras  de Yogananda: <<“Hacer a otros felices a través de la amabilidad del habla y sinceridad de consejos correctos es un signo de la verdadera grandeza. Dañar el alma de otra persona por palabras sarcásticas o sugerencias es, despreciable”>>.

             Un último apunte. Losantos tiene  potencia y fuerzas importantes: Sabe gramática e historia, tiene gran memoria y es un excelente escritor además de liberal convencido. Intelectualmente es difícil sujetarlo.

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